7.9.13

Del Deseo a la Angustia

Con este título se inicia un nuevo seminario en la Asociación Psicoanalítica de Galicia.

La angustia es sin lugar a dudas,  un tema central en la clínica actual. La mayoría de las personas que acuden a consulta tienen como queja principal la ansiedad, la angustia, la sensación de vacío, de desamparo.   Por ello pensamos que este seminario puede ser una excelente oportunidad de trabajar sobre  esta temática,  y de aproximarnos a la forma de escucha y trabajo que se ofrece desde el psicoanálisis.

Os presentamos la introducción al seminario. 

“Nuestra época se caracteriza por la voracidad de la sociedad del consumo que en nombre del mercado, de la crisis, del rescate, del bien general, se preocupa de alimentar el dragón con los recursos reales que sostenían la urdimbre de la convivencia entre sujetos que con su lucha habían logrado el derecho a la palabra. Hoy asistimos a la fragmentación e inestabilidad de los vínculos en la pareja, en la familia y en el entorno laboral. Existe un desmoronamiento de las seguridades, que hace surgir la inminencia, por otra parte siempre latente, pero que en la actualidad cobra mayor relevancia, de la posibilidad de la pérdida que genera angustia. El individuo actual se siente amenazado de quedar reducido a un cuerpo, eyectado, expulsado del vínculo social.”


“Este curso, buscaremos la relación y dependencia entre la angustia y el deseo. Lacan, en 1962, dice: “la angustia es la sensación del deseo del Otro. ¿Debemos establecer una clínica diferencial de las angustias para determinar en cada caso, la posición de cada sujeto con relación al Otro, como apuntamos el curso pasado o hemos de pensarlo a partir del año 76 cuando nos dice que el Otro no existe? No es una paradoja lacaniana, es un cambio para pensar la clínica, no desde el lugar del Otro”.

Para obtener mayor información podéis pinchar  sobre el siguiente enlace: programa del curso.


6.8.13

17.7.13

La tarea de Ruth Ortíz.

Finalmente, y como parecíamos esperar todos, José Bretón fue declarado culpable del asesinato de sus dos hijos, Ruth y José, de 6 y 2 años de edad.

Ahora respiramos aliviados. Confiamos en la justicia, acompañando a  Ruth Ortíz, madre de los pequeños, cuando afirma que este veredicto "la reconcilia con la sociedad y la justicia".

Parece que esta sentencia es el cierre perfecto de un caso que ha mantenido expectante a toda España y que ha traspasado las fronteras del país.

Sin embargo, es ahora cuando Ruth tendrá que enfrentar su pérdida. De verdad. Sin el cobijo y el humo de los medios, que han convertido en asunto público una tragedia privada y personal.

Apenas unas horas después de saberse el veredicto, Ruth declaraba ante la prensa.

El diario El Mundo  recoge sus palabras. Ella habla de paz recobrada. De la significación de la sentencia que "marca un antes y un después" en su vida. Y efectivamente debe ser así: paz por cerrar la duda sobre el destino de sus pequeños. Día significativo porque marca la entrada en su propia intimidad como madre que debe hacerse a la terrible realidad de la pérdida definitiva de sus hijos.

El duelo es un asunto personal. Que no puede servirse del odio generalizado ni del afán de venganza ni de los gritos irascibles de la calle.

Todos esos elementos perturban el proceso de elaboración. De la digestión de esa pérdida irreparable. Porque están orientados hacia afuera. Y el duelo se elabora hacia adentro.

Confiemos en que al fin los medios, ocupados en otras tragedias y en otros casos, permitan que Ruth se enfrente a su ineludible verdad.

Esperemos que ella pueda desprenderse de lo público y sea capaz de, a solas,
hacerse con la realidad de que sus hijos están real y irreparablemente ausentes.
Para siempre.